
Fue una tarde cálida, esperada, pactada entre ambos,
cuando mis manos comenzaron a recorrer tu cuerpo sin barrera alguna.
Recorri tu espalda, tus brazos, tus manos,
tu cuerpo estaba abandonado a mí,
totalmente entregado.
Pasaron los minutos, las horas,
y acabamos entrelazando nuestras pieles
sobre un nuevo manto de sentimientos,
aún más fortalecido, con más matices,
un nuevo lecho generado tras estas nuevas vulnerabilidades compartidas.
Y recuerdo nuestras miradas fijas, en silencio,
con una sonrisa dibujada en nuestras bocas
porque ningún mundo no se había deshecho bajo nuestros cuerpos...
"Miradas cómplices en busca de la verdad",
en busca de esa verdad,
que acabábamos de diseñar entre los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario